Diana de Gales: El trágico destino de una Princesa “DISTINTA”

Dejó de ser Lady Di, para convertirse en la Princesa de GALES y ser una de las mujeres más admiradas y populares del mundo.

Una mujer sin pasado, pero con historia. Con ese término se definió en numerosas ocasiones la vida de Diana de Gales, subrayando así sus raíces aristocráticas, con sangre estuarda y antepasados como María, Reina de Escocia, Carlos I, Carlos II o el Duque de Monmouth.

Diana Frances Spencer, tercera hija de Edward John Spencer -octavo conde de Spencer- y de Frances Ruth Burke Rocha -hija de Lord Fermoy-, nació el 1 de julio de 1961, en el Palacio de Althorp Hall, condado de Northampton (Gran Bretaña).

Fue bautizada en la localidad de Sandringham (Inglaterra), comenzando aquí su educación en la residencia paterna de “Park Farm”, propiedad de la Reina, con quien la familia mantenía amistad además de lazos, que remontándose a Jacobo I de Inglaterra, emparentaba a Carlos y Diana como primos undécimos por línea colateral.

Diana estudió en el colegio de Riddlesworth Hall, condado de Norfolk, donde se guarda su imagen de joven “alegre, dócil y optimista”, según recuerda una de sus profesoras. Las compañeras la llamaban “La Duquesa”, por la dignidad con que actuaba y su constante intención de ayudar a todos.

Su forma de ser, una mezcla de timidez y carácter con tendencia a gritar en los enfados, la hacía encantadora a la vez que prudente.

Al dejar la escuela, ingresó en el internado del colegio West Heath, en Sevenoaks -condado de Kent-, con fama de imponer una elitista, estricta y femenina disciplina.

Nunca fue una estudiante brillante. De manera fugaz cursó estudios en Suiza, donde también aprendió esquí, francés y cocina. Su educación, siempre dentro del clasicismo característico de su familia, no logró un diploma en estudios superiores.

Idilio con el Príncipe Carlos

Concluida su enseñanza, fijó su residencia en Londres, en el barrio de Old Brompton, en un piso comprado por su padre y compartido con tres amigas. Su especial predilección que desde pequeña mostraba hacia los niños la llevó a trabajar en un jardín de infancia de la capital británica.

Y sin perder nunca de vista su objetivo primordial de llegar a ser profesora de danza, en esa etapa realizó también otros trabajos, como servir cócteles en fiestas.

Fue en 1975 cuando conoció al Príncipe Carlos en el Palacio de Sandringham, aunque el idilio comenzó al cumplir ella los 19 años en el Palacio de Balmoral. Entraría así en la agitada vida sentimental que caracteriza al heredero de la Corona, convirtiéndose en una nueva posibilidad, concretamente la candidata número trece que se daba a conocer después de relaciones tan fraguadas como la mantenida por el Príncipe con la Princesa María Astrid de Luxemburgo, dificultada por su condición de católica.

Antes de conocer las intenciones de Carlos de Gales, Diana pensaba irse una temporada a Australia con su madre, pero él planteó el deseo de casarse y le propuso aprovechar dicho viaje como tiempo para pensarse la respuesta.

Sin embargo, su “sí” no se hizo esperar y aceptó el compromiso inmediatamente. “Nunca tuve ninguna duda”, dijo al respecto. Y de este modo, tal y como sucediera trescientos años antes con el Rey Jaime y Lady Anne Hyde, de nuevo un heredero del trono británico anunciaba el matrimonio con una conciudadana.

Lady Diana, con su esbeltez, su sonrisa misteriosa, su tendencia al rubor y rasgos tan ingleses como el color de sus ojos o el de su tez, se instaló en la residencia oficial de la Reina Madre, en Clarence House, viviendo bajo su custodia y consejo hasta la fecha de la ceremonia. Durante ese tiempo estuvo también próxima a su propia abuela, Lady Fermoy, quien desde 1960 era dama de cámara de la Reina Isabel II y de la Reina Madre.

El único obstáculo, que en principio hizo dudar al Palacio de Buckingham, fueron las dificultades protocolarias que provocaba la situación de su familia. En 1969, el conde de Spencer se divorció de su mujer, después de un matrimonio de cuatro hijos -Sara, durante un tiempo “novia” del Príncipe Carlos, Jane, Diana y Carlos, el hermano menor-.

Ese mismo año, Frances Ruth se volvía a casar y, en 1976, el conde Spencer contraía también segundas nupcias. Pero al parecer, su belleza por un lado y su indudable descendencia noble por otro, perdonaron todo lo demás.

Con su entrada en la Familia Real fue tan necesario corregir algunos vicios como resaltar determinadas virtudes. Acostumbrarse a las nuevas formas, trajo consigo varios cambios, sobre todo de imagen.

Sus habituales vaqueros o su falda y blusa deportivas se fueron transformando en trajes cada vez más elegantes. Sus frecuentes bromas y sentido del humor debieron refrenarse; igual que su hábito de pasearse con los “walkman” puestos, escuchando Phil Collins, Dire Straits o Supertramp. También pasó apuros por su aire despistado, su manía de morderse las uñas o su facilidad para soltar la carcajada ante cualquier motivo gracioso.

Boda multitudinaria

El 24 de febrero de 1981, se anunció oficialmente la boda, que tuvo lugar en la catedral anglicana de San Pablo (Londres) el 29 de julio de ese año. Desde tiempos de Guillermo “El Conquistador”, todas las bodas reales se habían celebrado en la abadía de Westminster, pero los 3.500 invitados obligaron a elegir un lugar con mayor capacidad.

La retransmisión televisada del acto permitió que quinientos millones de telespectadores de todo el mundo siguieran la celebración, además de que un cuarto de millón de personas llenará las calles de Londres.

Diana Spencer no logró ocultar su nerviosismo durante la boda. Con voz apresurada, alterando el orden de los nombres del novio y comiéndose alguna palabra, a las once de aquel miércoles seco, pero gris, se convirtió en la primera Princesa de Gales de los últimos setenta años.

Aunque su propósito era esperar al menos un año para tener el primer hijo, el 21 de julio de 1982 dio a luz, en el Hospital Saint Mary de Londres, al que fue bautizado como William Arthur Philip Louis, conocido como el Príncipe Guillermo de Gales, segundo en la línea de sucesión británica. El siguiente hijo, el Príncipe Enrique de Gales -Henry Charles Albert David-, nacería dos años más tarde, el 15 de septiembre.

El deseo de la Princesa de aumentar la familia con el nacimiento de una niña no se vio cumplido. Esa idea, al principio “capricho maternal” sin más, fue creciendo hasta llegar a convencerla de que era la única solución para “redondear” la familia y ayudar en sus relaciones con el Príncipe Carlos.

Discordia

Ya en 1985, Stephen Barryreveló a la prensa los desacuerdos del matrimonio Real. A pesar de los rumores, y aunque a veces por separado, siguieron cumpliendo con normalidad todo requisito oficial. Ese mismo año, fue nombrada coronel en jefe del regimiento Royal Hampshire y General de Brigada honoraria de la base de Royal Air Forcé en Wittering (condado de Cambridgeshire).

Crisis del matrimonio

Con el paso de los años las diferencias conyugales se fueron acentuando. La separación de sus vidas cotidianas se hizo cada vez más; patente, la inestabilidad más tangible y los viajes y apariciones en solitario más frecuentes. Pero mientras pudo, el Palacio siguió desmintiendo todos los rumores, hasta que la evidencia obliga a admitir “la situación difícil” que atravesaba el matrimonio.

Fue en 1992 cuando salió a la luz la verdad de una crisis disimulada durante años. Al parecer, la falta de atención de su marido y el naufragio de su matrimonio fueron los motivos, que en junio de dicho año, la llevaron a tomarse una sobredosis de paracetamol.

Andrew Morton, en su libro “Diana, su verdadera historia”, plasma los rumores sobre otros intentos de suicidio, así como la idea de que Carlos nunca se sintió próximo a su esposa y que esta enseguida empezó a sentir celos de la relación que él compartía con Camila Parker Bowles.

Diana responsabilizaba a Carlos y a la Familia Real de una progresiva actitud de abandono hacia ella, acusandola de poco intelectual, de no estar a la altura de su marido y de tener gustos mediocres.

Poco a poco fueron saliendo otras biografías sobre la Princesa de Gales, entre ellas una seriada en el “Daily Mail”. En septiembre de 1992, según este mismo periódico, el Palacio de Buckingham comenzó a investigar las citas secretas con su amante James Gilbey, dedicado a la mercadotecnia y conocido de la Princesa desde quince años antes.

A mediados de noviembre de 1992, la prensa británica publicó la grabación de una conversación entre el Príncipe Carlos y Camila Parker, en la que ambos se profesaban amor mutuo. Día a día, los medios de comunicación fueron relatando esta “novela real” con un final de enormes consecuencias y presiones para todos los miembros de la Corte.

Separación oficial

Finalmente, el 9 de diciembre de 1992, John Major anunciaba en la Cámara de los Comunes la separación oficial de los Príncipes de Gales. Dos años después, la vida sentimental de Diana aparecía ligada al oficial de caballería James Hewitt, algo que ella reconocería, en noviembre de 1995, en una polémica entrevista en la BBC, donde la Princesa ponía en duda la capacidad del Príncipe Carlos para asumir la responsabilidad de la Corona.

Aquellas declaraciones llevaron a la Reina Isabel II a enviar una carta a los Príncipes de Gales aconsejandoles la tramitación del divorcio, que era aceptado por Diana el 28 de febrero de 1996.

El acto provisional de la firma se celebró el 15 de julio y el divorcio se convirtió en definitivo el 28 de agosto. La Princesa recibiría a partir de entonces quince millones de libras esterlinas anuales, seguiría viviendo en el Palacio de Kensigton y tendría libre acceso para ver a sus hijos.

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Un año después, Lady Diana encontraría la muerte en un accidente de tráfico en un túnel de París, mientras huía de los paparazzi que intentaban fotografiarla con su novio Dodi Al-Fayed.


Fuente: abc

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